¿Qué es la soledad? Una pregunta
sencilla pero difícil de responder…para mí, la soledad es el vacío que se
produce en tu interior; es la tristeza que te invade al saber que estás rodeada
de gente pero, en realidad, no hay nadie; tener todo tipo de lujos o
comodidades y compartirlo con la nada; es amar sin ser amado, es hablar sin ser
escuchado, es vivir sin ser visto ni presenciado. Si de verdad esto es la
Soledad, si esto es tu oscuro mundo…yo vivo en él.
Eres amiga, aliada y confidente de la
intimidad de la pareja, del poeta que busca inspiración, del niño que sueña
despierto que puede volar y salvar el mundo, igual que un superhéroe, pero ¿por
qué buscas ser mi amiga y compañera? En cada momento vivido, feliz o triste, en
cada suspiro, a cada paso que doy avanzando por la vida, ahí estás. Apareces en
cada esquina, acechante, desafiante, burlándote de mí. Me cubres con tu manto
oscuro y me guías hasta tus solitarios caminos, caminos que son de ida, pero no
de vuelta.
Has sido mi compañera en todo
momento: cada hora, cada día, cada año de mi vida has tenido una leve
presencia. En ocasiones he tenido la sensación de que eres una prolongación de
mí ser, mi sombra, mi alma. Mi corazón nota tu presencia y se arrincona en lo
más oscuro de mí ser intentando huir de ti, de tu influencia. Pero eres tan
poderosa, que cada poro de mi ser se invade de tu tristeza y me transformo en
un cuerpo que anda sin rumbo ni dirección.
Me he rodeado de compañeros y
compañeras, de amigos y amigas, de mi familia, e incluso de hombres que han
saciado mi cuerpo anhelante, pero que han dejado mi espíritu roto y herido…y
aún sigues a mi lado. Tú te haces cada vez más grande, has ampliado tanto tus
fronteras que ya son imperceptibles. Somos un solo ser: tú y yo, yo y tú.
En ocasiones he pensado que lo que
tenía era un mal, un día de esos en los que te sale todo mal y te auto culpas por
todo lo que sucede a tu alrededor, pero no, he descubierto que detrás estás tú.
Un día me susurraste al oído que estabas ahí, acechante, esperando en cada
esquina para asaltarme, para introducirte en mí. Me hablaste bajito, con voz
fría, cruel: “Soy yo, tu otro yo, tu mitad triste y taciturna. Soy la Soledad”.
Soledad. Ser neutro, omnisciente,
eterno, indiferente, castigador, influyente. No puedes respetar los buenos
momentos de las personas, creo incluso que son tus favoritos. Eres el recuerdo
amargo de los momentos felices, eres el mar que va y viene, que no se detiene,
itinerante en mi mente y en mi ser.
A pesar de todo, de lo negativo que
supone tu presencia, eres la más buscada, como los bandidos más crueles del
lejano oeste. Te queremos para nadar entre las páginas de nuestro libro
favorito, para dormir a nuestros pequeños entre los brazos, para construir
nuestro futuro a base de horas de estudio o para desarrollar ese lado creativo
que todo tenemos y pocos muestran. Aunque eres odiada y amada, yo sólo te pido
un favor. Abandóname, déjame y no mires atrás cuando te vayas. No te preocupes
por mí, estaré bien, seré feliz; pero tranquila, porque cuando necesite
evadirme, olvidarme del mundo que me rodea, de las personas que me dañan o me
urja renovar mi interior, te buscaré y volveremos a ser un solo ser.
Atentamente se despide tu eterna compañera.
Fotografía: Rubén Merino.
Texto: Yolanda Muñoz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario